las tres diosas

El Juicio de Ulises: Redefiniendo el Mito para la Autoexploración Moderna

 

¿A quién le diste la manzana?

Ulíses, o como algunos lo conocen, Odiseo, había logrado terminar con la larga guerra de Troya, que duró nada más y nada menos que unos 10 años. ¿Te imaginas estar fuera de tu hogar, en estado de supervivencia durante 10 años y luchando bajo la supervisión de la voluntad de otros?

Yo sí y seguramente tú también, pues es lo que hemos hecho casi toda nuestra vida la mayoría… 10 años en guerra y 10 años más buscando el camino de regreso al hogar.

Lo que me encanta de los mitos, especialmente de la mitología griega, es que tienen una multitud de ángulos de comprensión.

¿Sientes que la palabra “hogar” está lejos en tu vida? ¿Un lugar donde eres Reina o Rey todo el mundo te reconoce y te ve como tal, te respetan y se sienten agradecidos por lo que les ofreces?

¿Sientes que estás en un estado de supervivencia? ¿El entorno que te rodea te obliga a estar en guardia? ¿Sientes que tienes que luchar para conseguir lo que te han dicho que tienes que lograr? ¿Sientes que en este mundo la conquista es el vehículo público para alcanzar las metas?

Quizás cuando persigues lo que deseas, sientes que no es razonable lo que haces o cuando razonas y planificas te aburres intensamente o finalmente la meta carece de importancia o cuando te sientes estable y poderoso el aburrimiento te consume. Quizás la culpa te juzga cuando logras tus metas o quizás sientes que no hay un lugar en tu mente que satisfaga a todas tus voces…

Pero, ¿Cómo empezó todo? Bueno, antes de continuar, estaría bien que te diera pistas de hacia dónde te quiero llevar… Creo que Ulises nos puede ayudar a resolver un conflicto con el que hemos nacido todos y se hospeda en nuestro Inconsciente Colectivo. Forma parte de nuestro aprendizaje o también podríamos postularlo como una herencia que proviene de la humanidad. Y si fuera así, ¿quién nos podría explicar mejor que los Arquetipos, los habitantes de este Inconsciente Colectivo?

Bien ahora sí, ya tienes pistas de hacia dónde vamos, pero vamos a hacer trampas, como no, están permitidas y quién mejor para hacer trampas que el mismo Ulíses quien urdió el engaño del caballo a los Troyanos.

Entonces sigamos por el principio ¿Cómo empezó todo?

Fue la diosa Eris (la diosa de la discordia) es la figura central que desencadenó el conflicto. No fue invitada a la boda de Peleo y Tetis (los padres de Aquiles), por lo que en venganza arrojó una manzana de oro marcada con la frase «para la más hermosa» entre las diosas Hera, Atenea y Afrodita. Esto llevó al juicio de Paris, quien eligió a Afrodita sobre las otras diosas ofreciéndole como recompensa el amor de la más bella de las mortales, Helena, que ya estaba casada con Menelao de Esparta. Esta decisión de Paris, influenciada por Afrodita, provocó que Helena fuera llevada a Troya, lo que a su vez incitó la guerra.

Así empezó todo, pero ¿qué hubiera ocurrido si en lugar de Paris, que eligió a Afrodita, le hubieran entregado la responsabilidad de elegir qué diosa era la más bella a Ulises?
Bien, ahora quizás te preguntes, bueno y ¿hasta dónde quieres llegar con todo esto?

Este mito podría estar explicándonos por qué la mayoría de la humanidad está en conflicto. Imaginemos un antiguo teatro bajo las estrellas, donde tres poderosas diosas —Hera, Afrodita y Atenea— descienden del Olimpo para jugar sus roles en el escenario de nuestra psique. Cada una lleva una máscara que revela una parte esencial de nuestro ser, mostrando cómo la mente, el corazón y el cuerpo convergen en la gran obra que es la vida humana.

Hera, con su manto real y su cetro firme, camina por el escenario de nuestras relaciones. Es la guardiana de los vínculos emocionales y familiares. En la narrativa de nuestras vidas, ella susurra la importancia de la lealtad y el compromiso, recordándonos mantener firmes las promesas y proteger lo que amamos. Hera nos enseña a valorar y respetar las estructuras que nos sostienen, como el matrimonio y la familia, y nos anima a encontrar seguridad y estabilidad en nuestros lazos más queridos.

Luego, bajo un foco que resalta su belleza incomparable, aparece Afrodita, deslizándose con gracia por el escenario. Ella es el espíritu del deseo y la atracción, la chispa que enciende las pasiones y los sueños románticos. Afrodita ríe y baila, impulsándonos a buscar la belleza en el arte y en los otros, a enamorarnos, no solo de personas, sino de la vida misma. Es la musa de los artistas y los amantes, aquellos que ven el mundo con los ojos del corazón y buscan la alegría en cada momento.

Por último, con la mirada aguda y el casco de guerra, Atenea pisa el escenario con la autoridad de la sabiduría y la estrategia. Ella representa nuestro intelecto y nuestra capacidad para enfrentar los desafíos con una mente clara y un plan bien trazado. Atenea nos enseña a abrazar la lógica, a ser justos y a luchar por lo que es correcto. Nos guía en la búsqueda del conocimiento y en la habilidad de ver más allá del caos, encontrando soluciones donde solo parecen haber obstáculos.

En la trama de nuestra existencia, estas diosas no solo coexisten, sino que compiten por el protagonismo, compiten por la manzana dorada. ¿A quién le diste tú la manzana?

Según el mito, y creo que así, la mayoría de la humanidad le dio la manzana a Afrodita. La elección de Afrodita simboliza la tendencia humana a favorecer el placer y la belleza, a menudo a expensas de la estabilidad emocional y el logro racional. ¿Os suena?
Bien, pero y ¿Tú y yo? ¿A quién le dimos la manzana? O mejor preguntado, ¿podríamos resolver este entuerto de una mejor manera que lo hizo Paris?

Pues, no se me ocurre nadie mejor que Ulises para resolver este conflicto. ¿Por qué Ulises? Porque él, desde el principio, no quería ir a la Guerra de Troya, incluso se hizo pasar por loco para ver si se escaqueaba del reclutamiento, pero el amor por su hijo lo delató y no tuvo más remedio que ir a la guerra. Después de 10 años, fue quien terminó con la guerra y luego tardó 10 años más en regresar a Ítaca, sí, tardó tanto porque enojó a los dioses. Así que yo diría que es el máximo experto en cómo no enojar a los dioses, pues tuvo 20 años para aprender a no hacerlo.

Y ¿por qué no tenemos que enojar a los dioses? Bueno, hablo desde el punto de vista de la vida simbólica, desde un punto de vista de la psicología profunda. Podríamos preguntarnos: ¿Cómo puedo ayudar a restablecer el equilibrio de mi psique, dentro de mis posibilidades como navegante de la psique? Porque somos como Ulises, navegando perdidos entre los caprichos de los dioses, en nuestra psique, buscando el camino de regreso a nuestra Ítaca.

Nuestra tierra prometida, Ítaca simboliza ese lugar en la psique donde uno se siente plenamente a sí mismo, seguro y en paz. Ítaca simboliza no solo un final, sino también el comienzo de un nuevo capítulo, marcado por una mayor sabiduría y comprensión.

Si nos hallamos en conflicto con nuestras tres diosas, entonces ¿cómo lo hubiera solucionado Ulises?
Podría haber ocurrido de esta forma:

 

“En los días antiguos, bajo el amplio firmamento que cubre tanto a dioses como a mortales, se encontraba Ulises, el sagaz señor de Ítaca, en un dilema tan antiguo como el mundo mismo. Fue abordado por Hermes, el veloz mensajero alado, quien le entregó una manzana de oro cuyo brillo rivalizaba con el del sol poniente. Sobre ella estaban grabadas las palabras que desatarían discordias: «Para la más bella.»
Las diosas, poderosas y orgullosas, descendieron ante él envueltas en manto de estrellas y susurros de antiguos vientos. Hera, cuyo poder se entreteje con los hilos del destino de reyes y reinas; Atenea, cuya sabiduría perfora el velo de la ignorancia como lanzas en la bruma; y Afrodita, cuya belleza podía hacer tambalear los cimientos del mundo.
Ulises, cuyo corazón conocía las trampas y los laberintos del destino mejor que muchos, se halló frente a la tesitura de otorgar la manzana y desatar así posibles furias o encontrar un camino que evitara el desgarro del cosmos. Con una voz que resonaba con la fuerza del mar durante la tempestad, propuso una solución nacida de la profundidad de su prudencia.
«Oh, ilustres damas cuyo esplendor ningún mortal podría justamente medir, ¿cómo podría un simple hombre decidir entre estrellas en el firmamento? Propongo, en lugar de otorgar esta manzana a una sola entre vosotras, erigir un monumento a las tres. Un altar en el corazón de Ítaca, donde esta manzana será colocada en alto, no como premio de belleza, sino como testamento de vuestra incomparable gracia y poder.»
Las diosas, movidas por la elocuencia y la sabiduría de Ulises, encontraron la propuesta digna y justa. Así, la manzana de oro fue puesta en un altar elevado, donde el sol la besaba cada amanecer y cada atardecer, y donde los mortales podían rendir tributo no a una sino a las tres, en un santuario dedicado a la belleza, la sabiduría y el poder. Y así, Ulises, con su astucia, aseguró no solo la paz entre las diosas sino también su favor y protección para su reino y su gente.
Y cuando los bardos cantan esta historia, lo hacen recordando que Afrodita, cuyo resplandor supera al del lucero del alba, nos enseña que es la belleza y no la vanidad, la pasión y no el descontrol, lo que enciende el verdadero amor y adorna la vida con su más dulce perfume.
Hera, con la dignidad de la corona que reposa sobre su frente, imparte que es el compromiso y no la obligación, la protección y no la posesión, lo que construye los pilares del hogar y cimienta las relaciones con la fortaleza del respeto mutuo.
Atenea, cuya mirada penetra el velo de la ignorancia, declara que es la estrategia y no el conflicto, la justicia y no solo la ley, lo que preserva el orden y promueve la paz. Su sabiduría brilla como un faro, ofreciendo claridad en el caos, soluciones donde solo parecen haber enigmas, y valor para enfrentar los retos con la mente y el corazón alineados en el propósito.

 

Así, en la gran epopeya de la vida, donde cada alma es tanto navegante como naufragio en potencia, el curso se traza no solo con lo que se enfrenta con fuerza, sino con lo que se abraza con comprensión. Cada diosa, a su manera, ofrece un hilo de oro con el que podemos tejer no solo nuestras historias, sino también las vestiduras con las que nos presentamos ante el mundo y ante nosotros mismos.

 

Gracias Ulises por entregarnos este “caballo de Troya” para nuestra Psique y así podamos restablecer la dignidad y dar lugar a nuestras tres diosas por igual. Y evitar el conflicto interno eterno de entregar la manzana sólo a una de las diosas…

 

Puedes averiguar quien tiene la manzana en ti, planteando un asunto y preguntando a cada diosa ¿Cómo se siente cuendo te miran? y ¿Por qué se sienten así? Luego pregúntales que puedes hacer por ellas y así restituirás tu equilibrio interno.

 

Si has llegado hasta aquí creo firmemente que el 30 de Abril deberías estar en la Formación en Terapia Narrativa Sincrónica, a no ser que ya la hayas hecho… Está claro que eres una navegante del inconsciente. ¡Ulises te saluda!

Feliz fin de semana.

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